Buscando la Dieta Perfecta


Dieta perfecta… Comer sano… Alimentación saludable… Si nos centramos en la alimentación occidental vemos que hoy en día existen infinidad de versiones sobre lo que es comer bien y todas creen ser la fórmula perfecta. Pero entonces, ¿cómo es posible que entre las 10 principales causas de mortalidad en países occidentales, se encuentren enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes y cáncer) directamente relacionadas con la forma de alimentarse?

Seamos realistas, no existe la dieta perfecta y universal que sirva igual para todo el mundo. Las dietas no son generales, son individuales y para personalizarlas hay que tener en cuenta variables particulares como: la herencia genética, antecedentes familiares, la edad, el estilo de vida, la situación económica, el lugar en que se vive, el clima y la estación del año; la predisposición positiva o negativa y la relación con la comida; la forma de ser y de enfrentarse a la vida, el tipo trabajo, el ejercicio y las actividades que se realizan; el estado emocional y de salud…

Todo esto convierte a la persona en un universo individual en el que todo debería estar hecho a su medida. Justamente al contrario de lo que ocurre hoy en día, en que la tendencia globalizadora lleva a estandarizar la alimentación, utilizando para ello todos los medios a su alcance de marketing y publicidad, creando "modas" oportunistas y manipuladoras. Ahora nos encontramos inmersos en la dieta occidental importada y extendida por casi todo el mundo.
--- Se entiende por dieta occidental aquella rica en carne (de producción masiva) y sus procesados, dulces industriales, toda clase de derivados lácteos, alimentos refinados (cereales, arroz, sal, azúcar), alimentos precocinados y abundantes alimentos industrializados (procesados, envasados y con demasiados ingredientes desconocidos).
La dieta occidental llamada “light”, en pleno auge, sería lo mismo pero cambiando o incluyendo productos o pseudoalimentos que aleguen ser bajos en azúcares y en grasa, sin importar que vayan cargados de edulcorantes o grasas hidrogenadas. 
Es incongruente que siguiendo una dieta occidental, a todas luces incorrecta, se pretenda mejorarla añadiendo aún más productos extraños y antinaturales.

Con el concepto genérico actual de alimentación sana (producto de los intereses económicos) en el que se busca constantemente la funcionalidad de cualquier alimento o nutriente con el fin de mercantilizarlo, se nos hace difícil comprender como subsisten personas que viven el lugares extremos en los que el acceso a la comida es limitado, por ejemplo los que viven apartados en montañas, nieves, islas  o selvas,…

Es un hecho demostrado que en aquellos lugares remotos a los que llegó la corriente de la dieta occidental o aquellas personas que emigraron a países occidentales y cambiaron sus hábitos, dejando su dieta habitual, acabaron padeciendo enfermedades occidentales.


La alimentación occidental

Para ilustrar esto quiero contar la historia de Weston A. Price, dentista americano que en 1930 dejó su consulta para realizar una investigación por todo el mundo. Price no  entendía por qué cada vez más gente necesitaba tratamientos dentales (por caries, deformaciones de arcos dentales, dientes torcidos, etc.) tenía el convencimiento de que la causa era la dieta moderna y se propuso demostrarlo.

Se desplazó a lugares en los que pudiera encontrar grupos de personas que no hubieran tenido contacto con los alimentos modernos (o, como decía él, alimentos suplantadores del comercio moderno” refiriéndose a harinas refinadas, azúcar, alimentos envasados, leche pasteurizada, grasas hidrogenadas, aditivos…). Los encontró en diversos puntos del planeta: montañas de Suiza y Perú, tierras bajas de África, bosques de Australia, en las Islas Hébridas exteriores y Melanesia, costa de Alaska, Everglades de Florida, Estrecho de Torres, selvas de Nueva Guinea y Nueva Zelanda, entre otros. (Un estudio como este hoy en día sería casi imposible de llevar a cabo porque estas comunidades  se han reducido mucho o han desaparecido). 

Realizó un gran trabajo, que incluía extensísimos estudios testimoniados con miles de fotografías, que podría considerarse una de las mayores fuentes de información sobre nutrición humana; pero lamentablemente toda esta documentación tuvo poca repercusión (quizás porqué fuera molesto para la industria alimentaria??!!). Todo ello quedó publicado, en 1939,  en su libro: " Nutrición y degeneración física"


En 1999 se creó una Fundación que lleva su nombre para proseguir sus investigaciones y contribuir a la divulgación y reintroducción en la dieta de alimentos naturales ricos en nutrientes. De sus estudios se deriva una corriente actual de Dieta Paleo.


Durante 10 años de observaciones en indígenas y nativos, Price encontró dientes parejos, sin caries y con buena apariencia, es decir, se confirmaba su teoría. Sus estudios posteriores ratificaron  que sin conocer la higiene dental y fuera cual fuera la dieta que llevaran, estos grupos no tenían necesidad de ir al dentista


Pero lo que más llamó su atención y fue motivo de investigaciones posteriores, fue la alta resistencia a enfermedades que presentaban estos grupos, lo que establecía claramente la relación entre dieta y salud. A pesar de las limitaciones geográficas, las adversidades meteorológicas, las duras condiciones de vida y de las dificultades cotidianas, los niños nacían y crecían sanos, y los adultos eran fuertes. 

Lo más curioso es que sus dietas eran muy diferentes entre si. En algunos lugares la base de la dieta era carnívora, en otros eran los lácteos (por supuesto, no pasteurizados), en otros los productos del mar, en otros no se consumía casi ningún alimento de origen vegetal, en otros no tomaban ningún lácteo... Pero en casi todos los grupos se consumía algún alimento de origen animal incluidos insectos y sus larvas, alimentos fermentados (queso, yogur, cereales, verduras…) y en mayor o menor medida todos hacían lo posible por tener pescado en la dieta.

Analizando su alimentación pudo comprobar que estas personas consumían 10 veces más vitaminas liposolubles  y 4 veces más minerales, vitaminas hidrosolubles y enzimas que en una dieta occidental. Ahondando más en el tema, Price descubrió que la característica común que unía a todos estos pueblos es que su buen estado de salud procedía de los alimentos frescos de su zona, animales y vegetales que crecían en campos limpios llenos de nutrientes y que tomaban preparados de manera tradicional. Además intentaban manetener unas normas de salud en las que se procuraban los mejores alimentos para embarazadas y niños.


Price llegó a la conclusión de que la calidad del suelo era la clave de la salud y pudo observar cómo los indígenas lo cuidaban y se esforzaban en devolver nutrientes a la tierra para mantenerla viva. (A esto, curiosamente hoy lo llamamos agricultura orgánica con una connotación elitista, minoritaria o fuera de lo normal). 
Es fácil comprender que la agricultura industrializada actual, con fertilizantes químicos, explotadora, y que agota la tierra, solo conduce a disminuir los nutrientes presentes en los alimentos que allí crecen y deteriorar la salud de los animales que allí pastan.



Qué podemos deducir de todo esto? 
Que el hombre ha mantenido su salud adaptando su alimentación y forma de vida principalmente a la zona geográfica y el clima que le ha tocado vivir, es decir, que su salud deriva de su relación con la naturaleza, los alimentos que allí se producen, la cultura y tradición de prepararlos. Por supuesto aquí no entran aditivos, ni azúcar, ni refinados, ni enlatados, ni pasteurizados, ni pseudoalimentos... ¿Por qué? Vamos a intentar comprenderlo buscando en los orígenes.


¿De dónde venimos?
La evolución del ser humano ha llevado millones de años. Las pequeñas variaciones sufridas en el ADN ocurrieron por y para aumentar la supervivencia y garantizar la continuidad de la especie. Sin embargo, el cambio nutricional más intenso fue más lento y menos lejano. Se inicia con el paso de la vida nómada a sedentaria, en el que la caza y la recolección se fueron sustituyendo por la ganadería y la agricultura. Cada vez disponían de más alimentos a los que se iban adaptando lentamente. 



Pero el cambio más importante fue la conjunción de: la introducción en la dieta de los cereales cultivados y los animales de cría y, del consecuente, sedentarismo, derivado de estas actividades.  El hombre ya no necesita dar largas caminatas para conseguir su comida. Empezó así una nueva etapa en la que se hacía frente a nuevos hidratos de carbono y otros tipos de grasas.


Llegó la era moderna, y en el siglo XX, con la irrupción  de la industrialización los cambios son más marcados y excesivamente rápidos en comparación con lenta evolución humana de millones de años. Más recientemente, la globalización de la alimentación ha modificado fuertemente los hábitos nutricionales, y paralelamente los avances tecnológicos han creado "nuevos alimentos". Recordemos que en cada zona sus habitantes estaban perfectamente adaptados a su alimentación, pues bien, la continua intrusión de pseudoalimentos ha disparado las enfermedades autoinmunes, inflamatorias y las alergias e intolerancias, todas ellas se pueden considerar como inadaptaciones

La alimentación moderna está llena de nuevas moléculas que no se pueden metabolizar fácilmente, lo que viene a demostrar que no todos somos capaces de asimilarlo todo

No existe concordancia entre la alimentación de la que venimos y en la que estamos ahora y eso, nos está pasando factura.




¿Dónde nos encontramos en este momento? 
Dejar de ser nómada inició unas modificaciones en la alimentación que se realizaron en un largo proceso adaptativo de millones de años. Ahora, en plena era industrial,  la variación en los porcentajes de nutrientes y la introducción de alimentos de diseño se ha realizado en un periodo muy corto de tiempo. ¿Cómo pretendemos adaptarnos metabólicamente a estos incesantes cambios en tan breve tiempo?

La dieta occidental está plagada de estos OCNIs de laboratorio, procesados, manipulados, adulterados y fabricados como productos industriales, con moléculas inexistentes en la Naturaleza y, por tanto, desconocidas para el sistema digestivo del hombre, a las que no puede adaptarse y que le llevan a enfermar.

Y así entramos en otra ERA, porque para "rescatarnos" de la industrialización "ha llegado el Nutricionismo ",  término que utiliza Michael Pollan para referirse a la corriente ideológica que actualmente nos alarma con investigaciones novedosas y responsables, pero sacadas de contexto,  sobre las cualidades ocultas de los alimentos, en función de los nutrientes que contienen. 
Según Pollan: “el Nutricionismo proporciona la principal justificación de la comida procesada al insinuar que con la aplicación sensata de la ciencia de la nutrición los alimentos falsificados pueden llegar a ser más nutritivos que los auténticos

Esta situación se ve reforzada por los medios de comunicación que nos bombardean con informaciones sesgadas, variables y contradictorias que nos hacen clasificar de una manera superficial los alimentos en saludables y no saludables, para crear movimientos consumistas, según los intereses del momento. 


Normalmente estas afirmaciones se basan en el contenido de un alimento en tal o cual nutriente. Una visión demasiado simplista en la que se olvida el alimento en su conjunto, como una simbiosis de nutrientes que actúan en sinergia. Dicho de otra manera, si yo junto artificialmente y tomo todos los nutrientes que contiene un alimento, jamás, ni por lo más remoto, conseguiré obtener el mismo beneficio que si hubiera tomado el alimento real. ¿Por qué? Porque es algo más que una agrupación de nutrientes.  Aún no conocemos todas las sustancias presentes y de qué forma actúan entre ellas y desconocemos las complejísimas acciones e interacciones de estas sustancias una vez dentro de nuestro organismo.

Pero la industria juega con ventaja, ya que los alimentos procesados no son estáticos, se van adaptando a las nuevas corrientes, de manera que se reforman, se mejoran, y se acondicionan a las “necesidades del momento” luego los introducen en envases llamativos y lo publicitan de manera que sientas una carencia que se solucionará con dicho pseudoalimento.

"Cada año aparecen 17.000 nuevos productos alimentarios en los supermercados. La mayoría de ellos no merecen que se les llame alimento". Michael Pollan es norteamericano, catedrático en periodismo, lleva largos años interesado en la relación entre el hombre y la alimentación, reflexivo y crítico al estilo de Claude Fischler, ha pasado mucho tiempo investigando las etiquetas  y en sus libros se esfuerza por hacer llegar al lector la forma de identificar lo que son realmente alimentos.

En la práctica, el Nutricionismo no nos simplifica la vida. La compra es mucho más simple cuando buscamos alimentos naturales. ¿Cuándo compramos acelgas o manzanas necesitamos una etiqueta que nos diga lo que contiene? En cambio, cuando vamos al supermercado parece que todo el mundo debería tener conocimientos de nutrición para saber qué está comprando. 

En mi opinión, la etiqueta es realmente útil, en el caso de los alimentos procesados, para conocer los ingredientes y poder descartarlo si lleva sustancias desconocidas e impronunciables.


Resumiendo, un alimento industrial que nos indica una composición nutricional adecuada en la que aparentemente no falta de nada, nunca  podrá equipararse a uno fresco y, es más, al estar procesado se convierte en lo que la Dra Kousmine llamaba alimento sin vida”.


Por tanto, NO busquemos la panacea donde NO la hay, los efectos protectores de una dieta sana NO se deben a la suma de nutrientes en cualquier formato o presentación. Se encuentran en los alimentos en su estado natural, de calidad, variados, locales y de temporada,  y son insustituibles.



Lamentablemente la industria junto con el progreso y la modernidad han hecho que olvidemos la calidad para caer en las garras de la durabilidad, la portabilidad, la funcionalidad, la novedad y, sobre todo, la cantidad.

Pero tranquilos, aquí en España podríamos estar a salvo.  ¡¡¡Tenemos la famosa dieta mediterránea!!! 




¿Seguro? Todos podemos definirla vagamente, pero sabemos quien y cómo la “descubrió”?


Curiosamente este término nace en EEUU allá por los años 70… 



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2 comentarios :

  1. Estupendo Ana, ese es el meollo del asunto, comer alimentos frescos, de temporada, minimamente o nada industrializado. Cocinar tus propios alimentos. El otro día en consulta un paciente me dijo si podia dejar las semillas de lino molidas en el yogur. Le dije que si, por supuesto, ¿por qué las tomas?, es que he leído que son buenas para el cáncer. Entonces, tendrás que cambiar toda tu alimentación, ese alimento es bueno, pero no es mágico, no te salvará de un cáncer.Al fin buscamos magia.

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    Respuestas
    1. Gracias Elena
      Efectivamente no podemos considerar que una dieta sea sana solo por introducir alimentos beneficiosos, debe ser una alimentación llena de alimentos naturales dentro de un estilo de vida saludable.

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