Buscando la Dieta Perfecta (2ª parte)


En la primera parte inicié la búsqueda partiendo de la alimentación occidental. En esta 2ª parte comenzaré con la dieta mediterránea.



Un poco de historia

El gobierno griego había realizado un estudio (financiado por la Fundación Rockefeller) a finales de los años 40, con objeto de elaborar un plan de actuación para mejorar la salud de sus habitantes. La muestra poblacional elegida fue de 128 familias de la isla de Creta. 

En 1953 el epidemiólogo americano Leland G. Allbaugh analizó este estudio y realizó un informe en el que destacaba que los vecinos de Creta gozaban de un aceptable estado de salud aún cuando su dieta era poco variada y frugal, (compuesta fundamentalmente por frutas y verduras, legumbres, aceitunas y aceite de oliva sin refinar, cereales, plantas silvestres, pescado, poca carne de animales criados al aire libre y leche de cabra), pero se adaptaba perfectamente a sus necesidades y medios disponibles.


Posteriormente Ancel Keys, fisiólogo americano, que había estado haciendo experimentos sobre la adaptación humana al ayuno y la inanición, se interesó por las conclusiones de Allbaugh que relacionaban la conformación de los hábitos alimenticios de los cretenses en función de las necesidades y recursos naturales que poseían.

Esto unido a la observación de la baja incidencia en enfermedades coronarias le llevó a emprender una investigación que duró más de 15 años. 
Se llamó el estudio de los 7 países (Yugoslavia, Italia, Grecia, Finlandia, Holanda, EEUU y Japón), estudió a 13.000 hombres de edad media en 16 poblaciones rurales con dietas muy diferentes entre ellas intentando encontrar la correlación entre el consumo de grasas y las enfermedades cardiovasculares. (Dada su obsesión con este tema fue apodado como “Mr Cholesterol”). 


Así nació la famosa “hipótesis lipídica” que a pesar de que ya ha quedado totalmente desmontada y carece de validez, aún persiste en nuestros días…  


--- La hipótesis lipídica pretende relacionar el consumo de grasas saturadas y colesterol con la incidencia de enfermedades cardiovasculares (es decir, grasa saturadas que aumentan el colesterol y colesterol que crea placas que, a su vez, obstruyen arterias). Sin embargo, en una revisión posterior del estudio se detectaron defectos de forma y errores metodológicos e interpretativos, de manera que solo se establecía asociación de las variables pero no causalidad. (Esto quiere decir que coexisten los factores: grasas saturadas, colesterol y enfermedades cardiovasculares, durante el estudio, pero no queda demostrado que los primeros sean la causa de dichas patologías). Incluso se ha dicho que el estudio era más amplio, con más países, pero se redujo, con el fin de eliminar aquello que desbarataba la teoría, (por tanto, las conclusiones obtenidas no serían válidas). Infinidad de estudios posteriores han demostrado que grupos poblacionales con alto consumo de grasas saturadas no presentan niveles altos de colesterol ni enfermedades cardiovasculares (tribus  masais, indios navajos o habitantes de Alpes suizos, por ejemplo). Pero la guerra a las grasas ya había empezado y la imparable industria alimentaria comenzó la producción de pseudoalimentos bajos en grasas, con su estrella principal, la margarina, y lo que vino después: los pretendidamente sanos productos light. Por supuesto también se unió la industria farmacéutica con sus medicamentos reductores del colesterol. Y parece que ya no hay quien pare esta maquinaria. ---

Volviendo al tema
En las investigaciones de Keys participó también su esposa, bioquímica de profesión. Años después con el material obtenido publicaron un libro (Eat well and stay well) que fue un gran éxito, incluía recetas y abundante información nutricional. 







Más adelante, en el segundo libro, añadieron el subtítulo que desencadenó la marea que ha llegado hasta nuestros días: “The mediterranean way”. El término fue evolucionando hasta convertirse en lo que hoy conocemos como dieta mediterránea.






¿Aquella dieta tiene algo que ver con la actual?

Llegados a este punto, cabría preguntarse si lo observado en la época del estudio se correlaciona con el estilo de vida actual, si las conclusiones obtenidas tendrían validez hoy, si los alimentos que tomaban aquellas personas se parecen en algo a los modernos, si disponemos de recursos naturales locales y limpios como ellos, si realizamos el mismo trabajo físico, si nuestra actividad diaria está de acorde con la ingesta realizada, si el bienestar emocional y mental es similar… A primera vista yo diría que no, luego entonces, extrapolar y generalizar es casi como tergiversar o utilizar los datos según el fin al que van encaminados.

Si aceptamos que en la cuenca mediterránea se vivía saludablemente. ¿Por qué ha empeorado la salud de sus habitantes? ¿Qué ha pasado?

Se podría decir que Europa fue despertando lentamente de una dura guerra, la calidad de vida fue mejorando y fue creciendo económicamente, pero a al mismo tiempo fue cambiando el estilo de vida, se fueron introduciendo otras costumbres. La globalización y la homogenización alimentaria fueron apartando los usos y las tradiciones propias de cada lugar. Y así llegamos a la paradoja,: mejor nivel de vida, peor salud (más obesidad y enfermedades crónicas).

La familia Keys, tan deslumbrada por sus propios estudios, estableció una segunda residencia al sur de Italia, cerca de Salerno, donde pasaban grandes temporadas. Allí pudieron ser testigos de cómo se iba desvirtuando la dieta que tanto defendían y, refiriéndose a los restaurantes, Ancel Keys decía: “lo que sirven es un travesti de la dieta mediterránea”.

La Dieta Mediterránea fue declarada en 2010 como PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD

¿Quizás estemos sufriendo una idealización de la dieta mediterránea?

La cuenca mediterránea es muy amplia y en ella se distinguen diversas culturas, algunas muy marcadas como la griega. La disparidad entre todas las poblaciones no solo es cultural y religiosa, sino también alimentaria. Tenemos nexos en común procedentes de los alimentos propios de la cuenca pero las tradiciones son distintas, incluso dentro de un mismo país. ¿Sería más acertado entonces hablar de  las dietas mediterráneas…?

De cualquier forma, en los últimos 50 años, en toda la cuenca mediterránea, la variación en sus dietas y costumbres alimentarias ha sido importante, se han incorporado masivamente azúcar, edulcorantes, aceites vegetales, toda clase de alimentos procesados y un aumento excesivo de harinas refinadas y derivados cárnicos y lácteos. Por supuesto en el supermercado estos pseudoalimentos exhiben sus rótulos alusivos a la sana dieta mediterránea que ellos practican ya que incluyen ingredientes o sustancias (volvemos al nutricionismo) incuestionablemente mediterráneas. Al parecer, todo vale.


¿Y qué pasa con el estilo de vida mediterráneo?

También ha habido cambios. Otras nuevas formas de trabajo han forzado nuevos horarios y maneras de comer, se ha cambiado la actividad física diaria por machacantes sesiones de gimnasio, la tranquilidad se ha sustituido por el estrés y las prisas, y las relaciones sociales por las nuevas tecnologías. Falta descanso, buena comida y buen humor.

Después de ver todo esto es normal que nos entren dudas. Entonces, ¿Cuál es nuestra base alimentaria actual?:

¿Una alimentación mediterránea occidentalizada?
¿Una alimentación occidental con productos mediterráneos?
¿Una alimentación globalizada y homogénea con rasgos autóctonos?
¿Una alimentación marcada por lo que nos venden como saludable? 

¿Y alguna de ellas es sana? Con este desconcierto creo que tengo que seguir buscando. Lo interesante sería encontrar la experiencia de personas que posean longevidad y salud.


¿Longevos y sanos? ¿Dónde?

En distintos puntos del planeta viven grupos humanos especialmente longevos que superan los 100 años, evidentemente, porque están sanos.
--- Entendiendo por sanos, ausencia de síntomas de enfermedades salvo aquellas banales, de rápida resolución sin necesidad de medicamentos y llegando a la vejez en plenas facultades.
Son poblaciones que viven (semi)incomunicadas, en lugares remotos de los Alpes, los Cárpatos, los Balcanes, el Cáucaso, el Himalaya, la isla de Okinawa, los Andes…

La industrialización no les ha colonizado y por tanto no toman alimentos procesados, ni azúcar, ni dulces, ni refinados. En rasgos generales su alimentación es sencilla, frugal y depende de la zona y el clima en el que viven, cada uno con su propia cultura y tradición (esto ya nos suena, lo vimos en la primera parte, lo mismo que observó años atrás Weston A. Price). Podríamos encontrar elementos comunes en todos ellos como son la base de frutas y vegetales, tanto de cultivo como silvestres (con gran proporción de crudos), cereales cocidos, pescado y esporádicamente carne y lácteos. A todo esto, podríamos añadir que poseen agua de calidad, elemento que el Dr Pérez Calvo considera  de alta importancia en la contribución de la salud.

Su ingesta diaria es hipocalórica, algo que ahora los científicos creen indispensable para retrasar el envejecimiento. Aquí hay que hacer una aclaración, las dietas hipocalóricas de estos grupos son equilibradas o, al menos, adaptadas a sus necesidades, nada que ver con la ingesta hipocalórica que, por desgracia, sufren países subdesarrollados debida a grandes deficiencias en alimentos variados. Y, por supuesto, tampoco con la restricción calórica de algunas dietas “milagro” que no se ajustan a los requerimientos  personales.

Podríamos pensar que la causa de su larga vida sería la herencia genética, porque son de una raza más fuerte, pero una vez más, se ha comprobado que las personas que han dejado su lugar de origen y se han “occidentalizado” han “enfermado occidentalmente”.
Nos queda claro entonces, que la longevidad y la salud nacen de la alimentación pero es una verdad a medias, también es de vital importancia su estilo de vida, que se compone de un continuo contacto con la naturaleza, intensa actividad diaria y la ausencia de estrés crónico y de relación con contaminantes, tóxicos y radiaciones.

Okinawa, por ejemplo.

La isla de Okinawa pertenece a un archipiélago de numerosas islas, la mayoría deshabitadas, de Japón. Tienen una cultura distinta a la japonesa, con lengua y tradiciones propias. Se le puede considerar una zona pobre, pero mantienen el espíritu Yuimahru de cooperación e intercambio entre vecinos. En ella existen pequeñas poblaciones especialmente longevas como Ogimi.

Fue Makoto Suzuki, un médico que se estableció en 1970 en la isla,  quien realizó el primer análisis de esta población. Pidió a Japón una financiación para un estudio de la longevidad y la conclusión ya la podemos intuir: a la herencia genética se une una alimentación y un estilo de vida especial.

Usan siempre alimentos frescos, cocinan a fuego lento sin tecnología moderna. Los platos están llenos de colorido con amplia variedad de verduras y hortalizas, abundante pescado, algas, también toman carne de cerdo, miso, derivados de soja y mucho té. No toman lácteos ni gluten.
Sin embargo, en el resto de la isla la vida avanza a otro ritmo. Ya llegó la “invasión de los alimentos industriales” y los jóvenes empiezan a estar obesos.

Pero lo que más me ha llamado la atención y me gustaría destacar son las tres características “filosóficas” de entender y practicar la alimentación que tiene en esta isla:
  • Kuten gwa. Comer pequeñas porciones
  • Nuchi gusui. Medicina para la vida. (O como diría Hipócrates “que tu alimento sea tu medicina).
  • Hara Hachi Bu. Comer hasta que estés lleno al 80%.
Tres buenas costumbres que serían de gran ayuda a los occidentales que utilizamos los alimentos como vía de escape, método de celebración y/o forma de sentirse superior.


Otro ejemplo, Los Hunzas

Viven en el Himalaya, al norte de Pakistán, en una zona de difícil acceso. Fueron leyenda hasta que en el siglo XX, con la llegada del Imperio Británico los occidentales tuvieron acceso a esta zona.
Mc Carrison fue el primero que estudió a este pueblo. No encontró ninguna de las enfermedades características del mundo occidental (degenerativas, cáncer, úlcera de estómago,…) y sobre su longevidad dijo “… la vejez no debilita su visión, sus dientes se conservan intactos, el corazón sigue siendo capaz de realizar esfuerzos. La vida se extingue a edad avanzada, a los 120 años…”. Consideraba que todos estos hechos extraordinarios se debían a la forma natural de cultivar las tierras que determinaba su alimentación.

Frugales, toman abundantes cereales, verduras y hortalizas y hierbas silvestres y frutas, poca carne (de caza) y derivados lácteos. Pero la climatología adversa hace que en los inviernos crudos  su alimentación varíe, además de tomar los alimentos que han ido conservando durante el buen tiempo aumentan el consumo de lácteos y proteína animal, hasta que llega de nuevo la primavera.  

Su actividad física es intensa ya que para desplazarse diariamente a sus zonas de cultivo (dispuestas en terrazas en las laderas de la montaña) tienen que salvar grandes desniveles.
Entre su población no existen obesos y los niños lactan hasta los 2-3 años. No tienen asilos ni farmacias ni hospitales.


Llegados a este punto, vamos a recapitular.

Sabemos que la Naturaleza nos ha preparado para un funcionamiento determinado, para ello el organismo necesita diversas sustancias que participan en importantes reacciones químicas continuamente y las obtenemos a través de la alimentación. La ingesta de sustancias indeseables altera estas reacciones y se pierde el control sobre el producto de las mismas.

En su origen el ser humano tenía un tipo de alimentación marcado por las circunstancias en que vivía. La evolución humana ha llevado millones de años, durante los cuales la alimentación ha ido variando, fundamentalmente eran modificaciones en porcentajes de nutrientes e incorporaciones de nuevos alimentos pero esto no afectaba a la calidad. Con el desarrollo llega la industrialización y las nuevas tecnologías y con ellas la invasión de sustancias desconocidas en la naturaleza. Todo ello  se ha hecho en un espacio de tiempo muy breve en comparación con la larga evolución humana por lo que la adaptación es casi imposible.


La era de la información nos permite encontrar en poco tiempo datos y conocimientos sobre distintas materias, lo cual favorece la propagación y aplicación del Nutricionismo. De manera que si aplicamos todo lo que leemos, cuando vayamos a comprar buscaremos nutrientes en lugar de alimentos: grasas monoinsaturadas en los bollos, vitaminas en las galletas, resveratrol en el vino, licopeno en la salsa de tomate, vitamina C en los zumos, omega 3 en la leche, mineral en los refrescos, fibra en el yogur, etc. Es decir, que de tanto mirar el árbol o mejor dicho sus raíces, hemos dejado de ver el bosque. De tanto buscar elementos nutritivos dejamos de buscar alimentos de verdad.

La calidad de los alimentos que tomemos dependerá de la calidad de la tierra en la que crecen (tanto vegetales como animales). La agricultura actual es intensiva, explotadora y química; no garantiza la calidad y se pone en tela de juicio su inocuidad. La posterior manipulación, procesamiento e industrialización solo produce alimentos sin vida.

A medida que la sociedad ha ido evolucionando ha entrado en un patrón globalizado de consumo de alimentos industrializados, homogéneos y atemporales, desplazando a los alimentos naturales, locales. Las dietas tradicionales propias que estaban adaptadas al lugar geográfico y estilo de vida de la zona en que se vivía se han ido desvirtuando y desplazando en favor de dietas mercantilizadas fuera de contexto. La salud se ha ido resintiendo, aumentando las enfermedades metabólicas, degenerativas, autoinmunes,...
Los pueblos que han conservado sus tradiciones (incluida su alimentación) sin occidentalizarse han sido capaces de mantener su salud y alargar su esperanza de vida.


De nuevo en el punto de partida. Entonces, ¿cómo es una dieta saludable?

Dejémonos de modas, respiremos hondo y recuperemos la cordura. Se puede considerar una dieta como saludable si está compuesta por alimentos sanos. Pero:

¿De dónde deberíamos obtener el alimento?

No podemos eludir que formamos parte de la naturaleza. Somos integrantes de un ecosistema en el que las interacciones entre los organismos hacen que fluya la energía de una especie a otra. La vida en el planeta depende del sol y del agua, con ellos nace la vida. Las plantas son capaces de transformar en materia la energía solar para que sirva de alimento a otros organismos. Así se inicia la cadena alimentaria.



El primer eslabón lo constituyen las plantas y las algas, seres autótrofos que crean su propio alimento. Después vienen los consumidores, que se alimentan del primer eslabón pero a su vez sirven de alimento al siguiente, son los animales herbívoros, y de igual modo el siguiente eslabón, los carnívoros.
La materia que queda en el suelo procedente de partes muertas de las plantas, animales muertos, detritus, etc. es utilizada por los organismos descomponedores, bacterias y hongos, devolviendo a la tierra elementos que inicien de nuevo el ciclo.

En este incesante ciclo, la mayor parte de la energía obtenida se utiliza en los procesos de respiración y metabolismo, quedando una pequeña parte en forma de estructura o reserva, que es lo que sirve de alimento al siguiente eslabón (en un porcentaje que ronda el 10%). Así va pasando de eslabón en eslabón, con un aprovechamiento de un porcentaje tan bajo que cuantos más pasos haya hasta el consumidor final más energía y nutrientes se han perdido. Además, para poder extraer los nutrientes  de los alimentos es necesario hacer un gasto energético que será mayor cuanto más arriba en la cadena alimentaria. 

Por eso es fácil comprender que donde hay mayor cantidad de nutrientes y se precisa menor gasto energético para su metabolismo es en el primer eslabón. Las plantas son alimentos llenos de energía viva.


¿Qué alimentos debería incluir?

Comer está quedando desvinculado del acto cultural y social que supone la producción local del alimento y la preparación casera de la comida. Por eso creo que esto es lo primero que hay que recuperar.

Alimentos locales
La tierra es un todo, pero a su vez, es un conjunto de muchos todos, por tanto la globalización que puede parecer tan armoniosa y tolerante se transforma en una homogenización y una alteración de los procesos naturales.
Hacer consumo deproximidad aporta muchos beneficios, no solo a tu salud (los productos están más frescos y puedes conocer su procedencia) sino también a la economía local y al medio ambiente (favoreces a los productores locales y hay menos contaminación derivada del transporte).

Alimentos de temporada
Siguiendo el ritmo de la naturaleza nos aseguramos de que estamos aportando a nuestro organismo los nutrientes que necesita para vivir en cada momento y es una buena forma de practicar un consumo responsable.



¿Cómo distinguir un alimento de un OCNI?

Los supermercados están llenos de Objetos Comestibles No Identificados, que no se deben considerar alimentos. Por eso, esta frase de Michael Pollan me parece  una buena forma de distinguir un OCNI:


QSN: Definición de OCNI: objeto comestible no identificado


Es decir:  Alimentos procesados industrialmente, comidas precocinadas, dulces y bollería industrial, refrescos comerciales, zumos envasados, alimentos refinados (harinas blancas, arroz blanco, sal, azúcar), snacks y apertivos industriales, salsas, cereales para el desayuno, margarina, chucherías, derivados cárnicos procesados y postres lácteos.

Un OCNI viene envasado y ha de llevar obligatoriamente una etiqueta. Gracias al Nutricionismo y al etiquetado nos hacemos una idea de lo que contiene el paquete, (eso si conocemos toda la terminología y tenemos la paciencia leer toda la lista…). 


Creo que es bueno aprender a leer etiquetas, 
pero es mucho mejor evitar comprar alimentos que necesiten llevarlas.

El abuso de alimentos industriales altera los procesos metabólicos e impide que los nutrientes lleguen correctamente a las células. Es decir, contribuye a la malnutrición.


¿Cómo deberíamos tratar los alimentos?

Lo primero es escogerlos bien, que sean frescos, conocer su procedencia, y conservarlos adecuadamente, en envases apropiados.

Comemos alimentos, no nutrientes. Tras un alimento sano vienen los nutrientes por añadidura. Por tanto comer variado, local, de temporada, poco cocinado y tradicional es el fundamento de una alimentación saludable sobre la que se pueden hacer adaptaciones según cada caso.

Cocinar al estilo tradicional también se refiere a la lentitud y el cariño que se pone en ello. Por supuesto no quiere decir que todo lo que hicieran en la época  fuese correcto, pero se trata de entresacar las buenas costumbres y aplicar los conocimientos actuales.

Lo mejor sería cocinar por debajo de 100 ºC y hornear lo menos posible (siempre por debajo de 180ºC). No utilizar utensilios de aluminio, teflón o plásticos. La forma de cocinado que menos daño hace es al vapor, se pierden muy pocos nutrientes y mantiene el color y la textura; y aumenta el aroma y el sabor de los alimentos.

Huir de las barbacoas, los fritos y las cocciones a altas temperaturas. Es una forma de destruir enzimas, vitaminas y minerales, desnaturalizar los macronutrientes, alterar la estructura molecular de los alimentos y provocar la aparición de sustancias indeseables cancerígenas (cuanto más tiempo y más temperatura, peor).


Acostúmbrate a incluir vegetales crudos cada día en tu dieta. Ya sea en forma de batidos verdes, ensaladas o acompañando como guarnición. La naturaleza está llena de alimentos variados llenos de color, que aportan maravillosas sustancias y que necesitan nada o muy poco cocinado.

Por último, planificar las comidas ayuda a evitar el desperdicio, que es otra forma de respetar la naturaleza y ahorrar.




¿Y el estilo de vida?

Cuando estamos enfermos no damos cuenta de la importancia de cuidarnos y sentimos la necesidad de hacer un cambio. Estos propósitos deben incluir siempre una adecuación del estilo de vida. 
La alimentación puede ser el punto de partida pero también hay que conceder tiempo y espacio al cuerpo proporcionándole:
  • Actividad (deporte, gimnasia, ejercicio suave, yoga, caminar, subir escaleras, correr, saltar, bailar,…)
  • Esparcimiento (descanso, relajación, meditación, cuidar del huerto o del jardín, cualquier actividad social o de ocio que te haga sentir bien,…).
  • Relativizar los problemas, tener una mente positiva y sonreir más.
  • Salir de las 4 paredes, aire libre y tomar el sol cada día (10-20 minutos fuera de las horas centrales).
  • Contacto con la naturaleza (caminar descalzo por la playa o la hierba, pasear por un bosque, abrazar un árbol, contemplar el paisaje desde una montaña, escuchar los sonidos del campo, mirar el cielo, observar los animales,…)




Paciente: Doctor, no me siento muy bien y no sé porqué.

Doctor: Quiero que medite 20 minutos, dos veces al día, ejercicio al menos 30 minutos al día, evite alimentos procesados, coma muchas frutas y verduras orgánicas, pase más tiempo en la naturaleza y menos en interiores, deje de preocuparse acerca de cosas que no puede controlar y deshágase de su televisor. Vuelva en 3 semanas.



¿Qué tipo de dieta elegir?

Cambiar la forma de alimentarse realmente es un gran paso que trae consigo otras muchas cosas. Por eso las dietas pasajeras no tienen ningún éxito porque no representan ningún cambio y en el fondo queremos estar de otra manera pero sin variar nada.

Cuando uno tiene claro esto y empieza a buscar opciones puede encontrarse con demasiada información, llegar a saturarse y no saber por dónde empezar.

Yo siempre recomiendo en primer lugar comenzar por deshacerse de lo que no se necesita: alimentos insanos y hábitos erróneos. Es una manera de ponerse a prueba, de vislumbrar hasta dónde puedes llegar. Es más interesante comer adecuadamente eliminando alimentos insanos que  intentar ser algo en lo que no crees.

Superada esta fase, poco a poco y leyendo mucho, uno puede hacerse a la idea de lo que le gustaría, lo que le conviene o lo que más le llama la atención en ese momento. No es una decisión que se deba tomar a la ligera, hay muchas cosas a tener en cuenta y, sobre todo, si tienes problemas de salud es una decisión que no  debe tomar uno solo sino que es mejor consultar con un profesional.

Huye de las modas, las falsas promesas, los milagros. Las dietas son temporales, si quieres un cambio lo que necesitas es otro estilo de vida cuyo objetivo sea siempre mejorar la salud.
Por tanto tu nueva forma de comer tiene que ser algo que te haga sentir bien, que aporte energía y vitalidad, que te mantenga con actitud positiva, sano y feliz. Nunca debe suponer un malestar o sacrificio (dejar alimentos a los que se tiene apego puede resultar difícil pero no ha de ser un trauma).

Mi consejo es que comas ALIMENTOS, los originales.No es necesario contar calorías ni controlar los nutrientes que contienen. 
Sea cual sea tu opción, tu forma de comer, busca siempre que sea lo más natural posible, dejando de lado los OCNIs, los productos industrializados y las corrientes de moda. 
Acercarse a la naturaleza es salud.










Tu opción personal

Si has leído los dos artículos ya podrás sacar tus propias conclusiones y escoger tu forma de comer. No se trata de crear un paradigma sino de iniciar un nuevo camino.

Adoptar una nueva forma de comer no significa ponerse una etiqueta, creérsela y practicarla como si fuera una doctrina. Es más bien algo flexible, que te deja decidir en cada instante sin sentir que incumples una norma. Simplemente es encontrar esa forma de comer que se adapta a ti, al momento actual que estás viviendo, a tus necesidades y a tus gustos. (Si no te sientes preparado o seguro con lo que está haciendo es mejor que pidas ayuda a un profesional).

Pero piensa que igual has hecho tu propia elección otros han hecho la suya, eso significa que hemos de ser tolerantes. Cada uno ha tenido sus propias razones para elegir, cada uno sigue su propio camino, su propia evolución, incluso hay quien no quiere cambiar nada. 
Podemos no estar de acuerdo pero no podemos juzgar ni menospreciar ni intentar convencer a nadie.

El mundo está lleno de particularidades y el respeto crea convivencia y enriquece la sociedad.


Solo hay una cosa cierta:  No existe la dieta perfecta. 


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2 Comment :

  1. Hola
    ¿Como sé yo que los alimentos vegetales de mi entorno han crecido en una tierra óptima?.Hay estudios de la UPV cuyos resultados muestran la mala salud de los suelos en muchos puntos de la geografia vasca.
    ¿Puedo fiarme de los productores locales?.No, pues estos ,en numerosas ocasiones , bien porque se han quedado sin género o bien por adversas condiciones meteorológicas, se pasan por los almacenes mayoristas antes de ir a la plaza a vender sus productos.
    Dieta mediterranea y picaresca latina.
    Saludos

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    Respuestas
    1. Hola
      Mi lema es intentar escoger siempre lo mejor de lo que haya, mejorar lo que esté a mi alcance y no preocuparme de aquello que no puedo controlar.
      Es cierto que la calidad de la tierra y del agua no son óptimas, en cualquier parte que lo miremos. Como consumidores no podemos hacer nada. Como colectivo social tenemos la opción de influir en el mercado, no comprando productos que no nos parecen fiables. De esta manera estamos marcando una tendencia, haciendo presión y dirigiendo el mercado en la dirección que nos interesa a nosotros.

      http://quesabesdenutricion.blogspot.com.es/2013/01/desenmascarando-la-alimentacion-3.html

      Cuando vayas al mercado intenta conocer a los pequeños productores de la zona, además de comprar local podrás intercambiar información y conocer otras realidades.
      Gracias por tu comentario

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