Cambiar de alimentación: Errores que te alejan del objetivo

En ocasiones cuando alguien realiza un cambio en la forma de comer comienza con mucha fuerza pero llega un momento en que se incorpora una cierta rutina que va  diluyendo el objetivo, la energía se dedica a cosas que no le acercan a él y se termina por sentir insatisfecho, en definitiva,  se ha perdido el foco.


Este post surge a raíz de un correo recibido  en QSN. Lo que esta persona me explica es algo relativamente habitual. A continuación transcribo algunos fragmentos de esa carta (con el  permiso de la autora).
“Hace 5 meses di un giro a mi vida, por un problema  de salud (…) tuve que cambiar mi alimentación. Fue duro, toda mi vida se volvió de revés, pero la salud es lo primero y pronto pude ver los resultados (…) Ahora que me encuentro bien me ha entrado miedo a comer lo que no debo, a caer en anteriores costumbres y a enfermar de nuevo…”
Lo que se aprecia en esta situación es que ha dejado de aplicar sus esfuerzos en conseguir el objetivo (lo que quiere) y los invierte en huir (de lo que no quiere). Su atención no está focalizada en el objetivo.


Focalizar el objetivo

Vamos a analizar las posibles causas,  con ejemplos  y encontrar soluciones:


OBJETIVO POCO CLARO. Tener claro lo que quieres conseguir es la base de todo, parece obvio, pero, suele ser la causa de un camino lleno de obstáculos que nos hace tirar la toalla. Un objetivo ambiguo no conduce a ninguna parte, (imagina que estás en un taxi, si no le das la dirección exacta al taxista no puede llevarte a ningún sitio...). 
Por ello es primordial buscar un objetivo que se ajuste a lo que necesitamos o buscamos, que sea concreto y real.  
Por ejemplo: “quiero comer mejor” no dice nada, es un deseo de algo no concreto, en cambio “dejar de comer carne” es algo concreto que podemos planear y comprobar su evolución y resultados. 
Para evitar objetivos ambiguos lo mejor es seguir siempre esta regla: el objetivo que decidas ha de ser específico, medible, alcanzable, realista y con límite de tiempo.  Para completar la acción es fundamental escribirlo. Puedes ponerlo en tu diario, en un papel en tu escritorio, en un lugar visible de la cocina, etc. Así creas un compromiso contigo mismo.


FALTA DE RECURSOS. ¿Contabas con todos los recursos necesarios para lograr tu meta? Cuando se hace una planificación hay que tener presente si disponemos de todos los medios  y materiales necesarios para alcanzarlo. 
Por ejemplo, vas a dejar de tomar leche de vaca: ¿sabes preparar leche vegetal?, ¿tienes el material necesario para prepararla?, ¿conoces otras fuentes de calcio?.  
Ya sabemos que lo primordial es la ilusión, la motivación, pero no menos importantes son estos otros aspectos: 
Tener información clara del punto de partida y el camino a seguir. Leer mucho e incluso formarse, ir a cursos y conferencias. Buscar apoyo, en profesionales y en otras personas o grupos que se encuentren en el mismo punto que tu. Disponer del material básico para empezar…


NO ESTABLECER METAS. Valorar la consecución de un objetivo solo por el resultado final produce impaciencia y ansiedad. Si le damos un peso muy grande al resultado creamos una exigencia y una presión que nos dificultará el camino. Lo mejor es dividir el proceso en pequeñas metas.  
Por ejemplo, en el caso anterior de dejar de comer carne, una primera meta podría ser eliminar de la dieta algunos platos concretos o algún tipo de carne específico. Una vez superada esta iríamos a la siguiente que podría ser buscar información sobre otras fuentes de proteína. La siguiente podría ser introducir nuevos alimentos. Y así sucesivamente
Todas estas metas nos están llevando al mismo objetivo, pero por etapas que resultan más cercanas, en las que vemos los resultados más pronto y nos permiten ir celebrando pequeños éxitos.


Objetivo, metas y logro




AUTOSABOTAJE. Un cambio supone abandonar la zona de confort. Cuando lo haces  te encuentras de cara contigo mismo y en tu mente pueden empezar a resonar frases negativas, disfrazadas de dudas,  que minan tu autoestima,  (es muy difícil, no lo conseguiré, no sé hacerlo, me falta…, ahora no es el momento, esto no es para mí, qué pensarán los demás, no te compliques la vida, es una locura, estás muy bien cómo estás ahora, para qué cambiar, no merece la pena el esfuerzo…). 

Pensamientos negativos limitantes
Es difícil evitarlos pero no debes ceder ante estos pensamientos limitantes. Para ello lo mejor es cuestionarlos, haz estas preguntas a cada uno de esos pensamientos: ¿es realmente cierto?, ¿tienes la absoluta seguridad de que esto es o será así?

Si la respuesta es no, simplemente no les prestes más atención y sigue tu camino. 
Si la respuesta es sí, entonces debes hacer un replanteamiento porque el objetivo no está bien marcado o no tienes claro lo que quieres.



DIFICULTADES. Por el camino te encontrarás con dificultades y puede que las cosas no transcurran como esperabas. La verdad es que la mayoría de las veces la ruta no es la esperada, la vida es imposible de predecir, pero eso no te aparta del objetivo. 
Por ejemplo, empezar a comer más cantidad de verdura ha cambiado tus hábitos intestinales y no te sientes bien. 
No debes dejar la verdura sino evaluar la posible causa: la forma en que has hecho el cambio, la forma de prepararla, con que la combinas…Con todos esos datos puedes corregir la pauta establecida
No veas las dificultades  como algo negativo. Enfrentarse a ellas es una forma de hacerte más fuerte, te obliga a tomar decisiones y hacer modificaciones para poder continuar tu camino. Así que no dejes que otra vez resuenen en tu mente las ideas negativas, simplemente busca alternativas.


Miedo al cambioMIEDO. Alguna de estas dificultades que van apareciendo puede generar miedo, enfrentarse a algo desconocido nos hace perder la perspectiva y nos anticipamos a las situaciones provocándonos ansiedad, creando nosotros mismos una inmensa bola que sigue creciendo. Como ocurre en el autosabotaje la mente nos llenará la cabeza de ideas de desconfianza, recelo y temor. 
Lo mejor es mirar la historia desde otro ángulo y desmontar todos los argumentos del miedo. 
De nuevo hay que cuestionarlos: ¿Esto que me asusta hoy, tiene probabilidades de ocurrir? (hay cosas que puede ser posible que ocurran pero con muy pocas probabilidades, valora esto despacio), ¿Si continuo, qué es lo peor que me puede pasar?, ¿Será tan transcendente?, ¿Qué pensaré de todo esto dentro de unos años? 
Por ejemplo, “si cambio mi forma de comer me alejaré de mis amistades”. Es posible que ocurra pero realmente es muy poco probable.  
En definitiva, podríamos resumirlo en una sola pregunta: Y si ocurre ¿qué? Se sincero contigo mismo y respóndete.


OBSESIÓN. Como he dicho antes cuando nos marcamos un objetivo, hemos de tenerlo claro y presente pero no ha de ser una obsesión. Estar más pendiente de lo lejos que está, de cómo llegar y  de juzgar cada paso que das genera ansiedad y resta energía. 
Por ejemplo, estás intentando perder peso y, en lugar de valorar los progresos diarios de tu cambio de alimentación, solo estás pendiente de la báscula. 
Es necesario centrarse en el proceso, disfrutar de las cosas nuevas y  adaptarlas a tu vida con entusiasmo. El resto es jugar a adivinar el futuro, vuelvo a repetir, la vida es imposible de predecir. Sabes a donde quieres ir y sabes lo que vas a hacer hoy para acercarte un poco más. Con eso es suficiente, preocuparse no lleva a nada.


LOS DEMÁS. La opinión de los demás es solo eso, una opinión. Lo que hagas puede que guste o no guste a los demás pero no hay que esperar agradar a todo el mundo. 
Por ejemplo, estás en una reunión social y ven que comes distinto, al momento habrá gente que te advertirá “de las carencias nutricionales y sus peligros”
A no ser que sean palabras de un experto, ignóralas. No dejes que otras personas juzguen tu vida o llenen tu cabeza de dudas. Podríamos hacer la excepción con aquellas críticas constructivas que nos sirvan para aportar algo a lo que hacemos o modificar aspectos en los que no nos habíamos fijado.

Intentar conseguirlo

FRACASO. La sensación de fracaso es una valoración personal y subjetiva de los sucesos. Si las cosas no salen como querías, realmente no has fracasado porque el fracaso no existe, solo existen los intentos. Hay quien también interpreta como fracaso no estar de acuerdo con el resultado, esto es conceder una connotación negativa a lo obtenido sin valorar lo que te aporta. 
Por ejemplo, has decidido cambiar el tipo de desayuno y por distintas circunstancias no lo consigues. Tras varios intentos tiras la toalla y sientes sensación de fracaso. 
En este caso lo primero es preguntarse si realmente hemos llegado el final de proceso. Si es así la solución es dar un paso atrás, mirar con perspectiva: qué era lo que buscabas, qué es lo que has conseguido, lo que has aprendido y, sobre todo,  para qué te ha servido (es decir, extraer lo positivo). De todo esto nacerá otro enfoque para proseguir por otro camino o para  cuestionar el objetivo (siguiente punto).


EL OBJETIVO HA PERDIDO EL SENTIDO. Puede que tal y como hayan discurrido las cosas aquel objetivo inicial ya no sea exactamente lo que buscas y necesites modificarlo pero también puede ser que estuviera mal planteado desde el principio. No te desanimes, vuelve a reescribir el objetivo, aprovecha lo que has aprendido para formularlo correctamente y divídelo en metas.
Por ejemplo, te habías propuesto merendar cada día fruta para mejorar tu salud. Como ha pasado el tiempo y no notas nada especial te parece que no tiene sentido seguir. 
En este caso introducir alimentos saludables ha sido algo bueno pero quizás el error fue: esperar cambios en tu salud específicos o espectaculares, pensar que tus problemas de salud se resolverían sin haber hecho otro tipo de modificaciones o  no especificar bien el objetivo. (En este ejemplo se puede observar que el objetivo es ambiguo, por un lado tenemos la meta de comer fruta, pero no es medible y por otro el objetivo general de mejorar la salud es inespecífico).



MEDICIÓN DE LOS LOGROS. No medir el progreso nos puede llevar a pensar que no avanzamos.
Por ejemplo, hacerse vegetariano es un proceso que ha de dividirse en muchas metas. Pero si no sabemos cómo podemos medirlas pasarán los días y perdemos la perspectiva de los cambios. 

Una buena forma de medirlos es hacer un álbum de fotos o en un corcho, algo parecido a un dreamboard, pero se trata de ir añadiendo fotos que hagan alusión a aquello que hayamos conseguido. Siguiendo el mismo ejemplo, hemos empezado a comer más verdura y nos hemos propuesto aprender nuevas recetas , hacer un huerto en el balcón, cocinar al vapor y tomar infusiones en lugar de café. 

Se empieza por poner en la primera página la foto del objetivo a conseguir y a su lado una foto tuya sonriendo, también puedes añadir alguna frase motivadora que te inspire en este momento. Cuando ya hayas plantado el huerto hazle una foto y ponla en el álbum, cuando tengas la vaporera y hayas aprendido a cocinar con ella, añade la foto, pon también las fotos de tus nuevos platos y, por último pon la foto de tu infusión preferida. 

Siguiendo este procedimiento no solo vemos todos los pasos que estamos dando y cómo nos acercamos al objetivo final,  sino que también puede resultar útil para detenernos a mirarlo en aquellos momentos en que perdemos el foco  o nos sentimos desanimados.



Hagamos una reflexión final: puede que el objetivo esté mal planteado desde el principio, puede que hayas perdido el foco pero, en otras ocasiones, puede que la causa sea que estés pasando por un momento de bajón y veas las cosas negativamente. 

Para los momentos de desconcierto lo mejor es parar y observar. Mirarse de frente y a tu alrededor con toda la objetividad de la que seas capaz. Se honesto/a contigo mismo, no se trata de buscar culpables. 

Percepción de tu cambio

No te juzgues ni te precipites en sacar conclusiones. Hazte preguntas empoderadoras (las del autosabotaje o las del miedo) y  valora si lo que está mal es tu focalización, el objetivo o simplemente tu percepción sobre él.




Hay algo muy importante a tener en cuenta y es que siempre se puede hacer una valoración positiva de cualquier situación y en este caso podría ser esta:

Has iniciado un proceso de cambio, has superado un paso y este te ha llevado a otros, algunos quizás no estaban proyectados, pero seguro que te ayudaron a seguir tu camino.  Aunque en este momento te parezca que estás en un punto muerto, no has fallado solamente necesitas volver la punto inicial de tu álbum de fotos, renovar la ilusión por tu objetivo y recuperar el foco.
Alimentación y cambio


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