Hoy en día no prestamos atención a los alimentos que tomamos, a su cantidad y a su calidad. Parece que hayamos olvidado que la alimentación es una actividad imprescindible para nuestra supervivencia personal. Aquí está nuestro primer error y la fuente de numerosas enfermedades.
Una correcta nutrición empieza con la naturaleza de los alimentos que comemos y el equilibrio de los nutrientes que contienen. A priori parece difícil conseguirlo pero dedicando un poco de tiempo a escoger los alimentos, combinarlos adecuadamente y prepararlos con esmero, conseguiríamos que este hecho se convirtiese con facilidad en una rutina más de cada día.
Si evaluamos bioquímicamente la situación actual, observamos que la alimentación moderna es rica en nuevas macromoléculas para las cuales las enzimas y mucinas digestivas no están adaptadas y por tanto son incapaces de metabolizarlas correctamente. Esperar a que, tras mutaciones genéticas, aparezcan nuevas enzimas nos llevaría varios millones de años, (para otras moléculas es inútil esperar la adaptación, como es el caso de ciertos isómeros generados por la cocción). La única solución que nos queda es el retorno a la comida natural, a poder ser ecológica, poco elaborada, que incluya verduras crudas y fruta variada.
Podríamos concluir que la dietética actual no debería basarse en aspectos cuantitativos sino cualitativos, promoviendo un retorno a los alimentos naturales y crudos lo que constituiría un gran paso en la mejora de nuestra salud.
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