¿Necesitas un cambio?

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido la necesidad de cambiar algo, ya sea por salud, por cerrar un ciclo, para sentirnos mejor con nosotros mismos, etc.

Dar el primer paso nos cuesta, el ritmo de vida nos ata a un estado no deseado en el que todo parece inamovible. Pero no es así, en cualquier situación, siempre hay alguna cosa que se puede cambiar, por pequeña que sea. Yo creo en los pequeños cambios como generadores de estímulos y en la consecución de pequeñas metas que conducen a grandes logros.

En la mayoría de las ocasiones esta transformación buscada incluye un cambio de alimentación. El cuerpo lo reclama. Esto es así porque la alimentación es un factor básico en nuestra vida y nuestra salud.



¿Cómo sabes que necesitas un cambio de alimentación?


La pregunta clave es:      ¿Te encuentras bien, todo lo bien que quisieras?

sentirse malSentirse bien significa: Levantarse descansado por las mañanas, con buen ánimo y  ganas de empezar el día. Resistir bien el ritmo cotidiano. No necesitar imperiosamente un café para poder continuar. Ser capaz de controlar el estrés. No tener accesos de hambre incontrolado. No tener sensación de extenuación al final del día. Coger bien el sueño por la noche. Dormir bien. Recuperarse fácilmente de las enfermedades comunes. Estar emocionalmente positivo, no sentirse víctima, autómata ni dueño de su propia vida. No vivir con el corazón en un puño, el estómago encogido o lleno de rabia. Levantarse con un sueño o un propósito cada mañana. No manifestar habitualmente problemas digestivos, alergias alimentarias, cefaleas, molestias en las articulaciones, alteraciones de la piel, infecciones…

Todo esto son señales de que algo no va bien. No significa que estés enfermo, sino que tu cuerpo está encontrando dificultades para funcionar con normalidad.



¿Cómo sabes que estás listo para cambiar?

Habitualmente con la rutina y las prisas no prestamos atención a lo que comemos y a lo que nos dice el cuerpo. Hay alimentos que no nos sientan bien o incluso que el organismo rechaza. Llegar a detectar estas señales es cuestión de tiempo. Prestando atención y escuchando al cuerpo recobramos esa capacidad ancestral que tienen todos los animales para saber cuidarse. Pero para ello lo primero es detenerse y dedicar tiempo a uno mismo.


Sentir que estás listo llega a continuación. Empiezas por encontrar o recibir información sobre algo que te llama la atención, relacionado con la salud o con las molestias que tienes. Así nace la necesidad de conocer mejor, de ampliar conocimientos, de probar aquello que leíste. Hasta que llega el momento en que te sientes capaz de lograrlo y de empezar.


Aquí hay que hacer una diferenciación: No es lo mismo desear mucho una cosa que estar preparado. Si se plantea el cambio como algo que “debo o tengo que hacer”, aunque nazca de un deseo profundo, contarás con una motivación y una confianza bajas, en el fondo es un imperativo, normalmente externo (de tipo social, por ejemplo). Cuando estás preparado para un cambio lo sientes desde tu interior, como una necesidad casi vital. En este caso hay una gran motivación y confianza.

De esto saben mucho los exfumadores, han podido estar años deseando e intentando dejar el tabaco, pero hasta que no han encontrado la profunda convicción de que era el momento no sintieron como se multiplicaba la motivación y obtenían la confianza en que serían capaces.



¿Te da miedo que cambie mucho tu vida?

A esto se llama miedo a salir de la zona de confort, que es ese modo de vida en el que te sientes cómodo porque no te plantea problemas y tu vida discurre siempre por el mismo camino, sin alteraciones. No te satisface completamente pero te evita esfuerzos. Te mantiene en un estado similar a la resignación.

Para cambiar hay que salir de esta zona de confort, es la primera dificultad, pero también es la primera satisfacción: superarse a uno mismo, vencer resistencias, alcanzar retos…

Adoptar una nueva forma de comer no significa ponerse una etiqueta, creérsela y practicarla como si fuera una doctrina. Es más bien algo flexible, fuera de los convencionalismos, que te deja decidir a cada instante lo que es mejor para ti sin sentir que incumples una norma. Simplemente es encontrar esa forma de comer que se adapta a ti, al momento que estás viviendo y a tus gustos, pero sobre todo que se va modificando en función de tus necesidades.

Los cambios drásticos funcionan en contadas ocasiones, a veces en situaciones límite, por pura necesidad y entonces no te planteas si sientes miedo. Pero si el cambio que buscas es de forma permanente lo mejor es realizarlo de forma paulatina, disfrutando del proceso y de los progresos de una manera gratificante. De esta forma la lenta adaptación no te dejará sentir miedo.



Así que, si lo que te da miedo es el cambio en si mismo, piensa que cualquier cambio que hagas será en función de tus propios deseos y al ritmo que tu establezcas. Pero si te da miedo cómo te afectará socialmente piensa que de la misma manera que nadie te obliga a nada, tampoco has de buscar el beneplácito de los demás. Es una decisión individual.



¿Seré capaz de mantener el cambio?

Alcanzar el éxito en cualquier objetivo que nos formulemos se consigue son perseverancia y procurando no caer en el desánimo. Habrá momentos malos que forman parte del proceso, lo sabemos, así que sin pensarlo hay que levantarse tras la caída y no abandonar el objetivo, aunque eso implique buscar otro camino.

El objetivo en un cambio de alimentación está claro: mejorar la salud, pero has de ir marcándote pequeñas metas muy concretas. A medida que las vas alcanzando adquieres más confianza y capacidad de observación para valorar tus necesidades.
El objetivo será único pero las metas pueden ser indefinidas. Con esto quiero decir que el proceso se inicia para llegar a un punto concreto, pero no significa que ese punto sea el fin, porque puede que cuando llegues allí, la satisfacción del triunfo y el bienestar obtenido te impulse a marcarte más metas o un nuevo objetivo.




Puedo asegurar, que a medida que aumenta tu bienestar se refuerza tu motivación. Esto te da ánimos para otro paso más en la evolución porque has ganado confianza en ti mismo.  Con el paso del tiempo te darás cuenta de que aquello que un día fue una novedad, un cambio, hoy es un hábito, algo que ya se ha incorporado en tu vida. Incluso, volviendo la vista atrás te sorprenderás de lo que has logrado y lo que has sido capaz de hacer.



Así que, si ya has tomado la decisión de cambiar. ¿Por qué no empezar hoy?



Empieza ya una cadena de pequeños cambios que renueve tu vida!!


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2 comentarios :

  1. Excelente tu blog. El martes acudí al centro de salud y mantuve una charla muy interesante con una paciente longeva que mantenía intacto su humor y vitalidad. Le pregunté cuál era su secreto y me dijo: "toda la vida he comido muy poco y siempre hago el desayuno de la Dra. Kousmine". Me picó la curiosidad y al buscar ese nombre en la red me he topado con tu página... y aquí me he quedado. Ya hace tiempo que vengo introduciendo cambios en todo: en forma de vivir, de consumir, de relacionarme con los demás y por supuesto, también, en la alimentación. Una sorprendente falta de energía y agotamiento casi continuo, sin que haya dolencia orgánica que lo justifique, me ha llevado a ello.... espero encontrar resultados positivos. Gracias por compartir tus conocimientos. Saludos y te pongo en favoritos. Ana Hernández

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Ana
      Suelen ser esos "pequeños síntomas" los que nos avisan de que algo no va bien. Si escuchamos al cuerpo, como tu has hecho, nos damos cuenta de que necesitamos un cambio. Lo malo es que la mayoría de las veces se prefiere tapar el malestar con alguna pastilla que detenerse a escuchar.
      Ten paciencia, los resultados positivos van viniendo despacio. Un buen día te encontrarás haciendo un repaso de tu vida y verás todo lo que has logrado, incluso cosas que no te habías planteado habrán mejorado.
      Un abrazo. Si necesitas alguna ayuda utiliza el formulario CONTACTA

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